La música de Mal País de fondo, el vino calentando el alma. Él, presente y ausente; haciendo mi soledad más insoportable.
El viento soplando fuerte, los árboles del pequeño parque cantando fuerte en la noche; en lucha encarnizada contra el pequeño fuego de las velas encendidas de mi aposento, nuestro aposento, pero al final estoy sola, o no tan sola, pero más sola...
Veía de pronto esa combinación mágica; el oscuro cielo con sus estrellas resplandecientes, oscuro como el alma de quien sabe y se sienta a la mesa con sus demonios internos. Los árboles, altos, erguidos bailando la danza del viento, de un lado a otro en un intenso susurro que asemeja un lamento.
Una viajera nube pasa ligera, dándole un color efímero a la imagen que observo; mi mente se pierde en un manojo de sueños añejos y de ideales fútiles; de pronto mi alma se vuelve al sur y se vuelve hacia atrás: mostrando solamente fantasías absurdas para llenar mi soledad; pero no hay nada: todo existe nada más que en mi imaginario.
Y me entrego a ese sufrir, con una calma indiferente, con una nueva resignación y dejo que el vino se lleve las penas, que se lleve el dolor de esta noche; que solamente deje una euforia leve. Salgo de mi casa, camino hasta el parque y bebo con los árboles y danzo con el viento; dejando por una vez, que mi mente no gobierne mis sentidos.
Bebo y bailo, mujer sola, mujer entregada, mujer del viento, borrando las penas, durmiendo las penas; mañana volverán, lo sé; pero por esta noche, solamente dejarán de ser; dejarán de atormentarme y podré bailar y podré dormir y podré descansar.

1 comentario:
Pasaba por aca... y me llamo mucho la atencion tu blog... tu escritura es muy intensa! Te felicito por la manera en q te expresas, saludos!
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