Cuando hace mucho viento por las noches, me transporto a los momentos tristes de mi vida anterior. La de antes, la que me dolía siempre.
Ahora que hay un poco de paz en mi alma, volver a esas noches me provoca una caída mayor, ya no me siento preparada para el dolor, para las lágrimas, mas estas vienen a visitarme en torrentes.
La de hoy se convirtió en una de esas noches de oscuridad y frío aniquilante. Todo parece tan lejano y surreal, todo parece no tener sentido. Los amigos no están, aunque nunca he sabido si en realidad han estado ahí antes y quedo tendida en una cama que me es extraña, con mi computadora por única compañía.
No sé hacia donde me muevo. Me siento perdida.
Me voy a caminar sin rumbo, a ver si encuentro el sentido. Más no hay mucha tierra por donde caminar en esta pequeña isla, me sentaré a escuchar el mar y pensar en las cosas que no debería pensar, por hoy, nuevamente le daré rienda suelta a esos sentimientos de soledad que se me vuelven a aparecer por dentro.
El mar y el viento, eternos compañeros de nostalgias inútiles.

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