Un día de agosto, sencillo, soleado. El aire trae recuerdos de antaño;
una fantasía de castillos y dragones; un escondite, una carrera y el
cabello enmarañado, las mejillas sonrojadas… Las hojas de los
árboles danzan bajo el embrujo del viento. Los sentidos se agudizan,
olfatea el aire, siente la presencia dulzona del césped que yace debajo
de su cuerpo, toma energía de la tierra, siente su calor, su cuerpo se
estremece, la piel se eriza, sus ojos abiertos observan
esa bóveda infinita colmada de nubes de formas asimétricas, orgía de colores
y aromas a su alrededor. Se siente plácida, descansada, una
con la madre tierra. Se deja llevar por el sentimiento de bienestar,
estos momentos no vienen a visitarla muy a menudo.
Deja que su mente vague sin rumbo, no piensa nada concreto,
no quiere hacerlo, porque del pensamiento surge el abismo.
Prefiere quedarse afuera, en el mundo real no el del imaginario, el de
adentro es cruel y frío, pero el de afuera tiene tibieza de sol de invierno.
Prefiere cerrar los ojos y abrir sus brazos como alas listas para el vuelo.
Se queda silenciosa respirando acompasadamente, postergando las responsabilidades
y las soledades cotidianas, ahora es ella, sola ella, sola la naturaleza,
dualidad, la naturaleza en ella, ella una con la tierra. Clava sus uñas en la tierra,
cual raíces buscando cimientos, clava con fuerza, siente la humedad,
humedad viva, como la que emana de ella misma. Calor de mujer, calor de tierra.
Un día de agosto, sencillo, el sol se empieza a esconder
detrás de las nubes. Clima tropical, bosque nuboso, el viento
trae presagios de lluvia, lluvia salvadora; limpiadora,
sanadora. Ella acostada sobre la hierba, descansando de sí misma, sonríe
como disculpándose por este tiempo de letargo, sonríe a la vida,
hoy sonríe porque está viva, porque agosto es un mes cálido, buen clima para el alma.
El viento viaja con más fuerza, con la fuerza de una danza tribal de
nuestra tierra, de nuestros antepasados, la lluvia se acerca, se siente
en el aire, se siente en la piel, pequeñas gotas, como finos hilos le besan
el rostro y ella descansa, deja que la lluvia le acaricie el cuerpo,
deja que el agua se lleve lejos su mente tormentosa. Cierra los ojos,
se siente plácida, cierra los ojos y se deja llevar…
Soñando, muriendo, volviendo a nacer…

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