12 oct 2007

Fantasías de amor

No quisiera enamorarme si sé que no me amarás.
No quiero sufrir más de lo estrictamente necesario, sabes?
Sé que el dolor es inerente a mi vida, pero no sé si pueda soportar el dolor de pecho, la asfixia y el desconsuelo generalizado que no se sabe exactamente donde se encuentra localizado. Como tratar de ponerse una curita en el alma...
Me gusta el tiempo compartido, el post-polvo, que cocines un plato para mi y me invites a tu casa. Todo tan casual, todo tan de amigos. Las salidas esporádicas, las clases de vinos, los cigarrillos bajo un alero mirando la lluvia, la risa estúpida y sin sentido.
Las escapadas a la ciudad, a los bares de la música de Dylan y Morrison, la música de antes, de épocas antiguas, de regresiones.
Pero conforme pasan los días y te veo a diario, y dormimos juntos y nos entregamos al placer de nuestros cuerpos, entonces los sentimientos van mutando.
Lo siento crecer en mi interior, el cariño, el deseo de besarte los ojos y en silencio abrazarte y oler tu piel. Y decirte te quiero al oído y que entonces me tomes y me beses los labios y tu lengua se funda con la mía.
Caminando juntos por las calles, tomados de la mano, un desayuno de domingo con las noticias del periódico y la música de Mal País, comparando notas de lo que han sido nuestros viajes antes de conocernos.
La edad? Lo de menos, creo que las almas son eternas y la mía se siente vieja y cansada. La tuya me parece, tiene más vitalidad.
Si esto es el amor, no quiero enamorarme, por qué (ay de mí pobre diabla fatalista) que será de mi vida cuando te vayas? Que será de mi vida cuando yo te ame y tu a mi no?
No quisiera enamorarme si sé que no me amarás.
Así que te diré adiós! Adiós, antes de que no pueda reprimir el deseo de tocarte, el deseo de besarte y decirte te quiero.
Adiós! Antes de que sigan creciendo estos sentimientos y tenga un conflicto severo en mi interior.
Adiós! Hasta que el próximo amante me haga olvidar lo que nunca empezó y tan pronto terminó. Hasta que mis sentimientos empiecen a mutar de nuevo y deba empezar el ciclo de nuevo. El ciclo fatal de la soledad, del temor a que no me amen.
Por eso siempre la huída, por eso siempre la sensación de vértigo en el estómago, por eso siempre esta estúpida necesidad de detenerlo todo cuando aun estoy a salvo (A salvo? o quizá más perdida aún!) en mi propia soledad, detrás de estas paredes que cubren mi corazón.
Adiós! No quisiera enamorarme si sé que no me amarás.

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