Juegas conmigo, yo sé que juegas conmigo, mas finjo no saberlo. En este partido iluso donde el orgullo manda, donde ninguna de las partes quiere darse por menos. Finjimos que todo es normal, que acostarse y tener sexo es simplemente eso.
Es mentira. Siempre están los sentimientos, de una u otra forma hay algo. Si me penetras, si me besas los labios y tu lengua se funde con la mía, no es
solo eso. Con cada penetración física, viene de una u otra forma una penetración emocional. Aunque se quiera decir lo contrario.
Mas finjo y sé que finjes igual. Si no porque las llamadas a media noche? O el mensaje de texto preguntando cotidianeidades?
En los momentos de euforia las palabras dulces, el cariño (¿ cariño?), las soledades compartidas. Sé que no quieres quererme, ni yo quiero quererte, pero nos estamos queriendo, se siente en la piel. Sé que lo sientes, sé que lo siento.
Mas finjimos no hacerlo y nos tratamos mal. Por qué es más fácil así. Por que sabemos lo que significa querer. Sufrir, morir un poco. La entrega...
Sé que juegas conmigo, mas finjo no saberlo, porque es más fácil así. Por que este juego de liberalidad y amor físico está bien, para lobos salvajes como nosotros. Dejamos los sentimientos en la puerta de la habitación, aunque después de cruzarnos, se nos olvida y nos enrredamos.
Luego la indiferencia, de ambas partes. Luego hablemos de otras conquistas, porque quién habló de exclusividad. Esto es un juego. Un juego peligroso, divertido y extasiante, pero peligroso.
Sigamos jugando, juega conmigo, que yo sé que lo haces y yo sigo jugando a que no sé nada, hasta que se acabe, que pronto será. Después de llegar a cierto punto, hay únicamente dos salidas: hacer una retirada de urgencia o hundirse en el fuego de sentimientos reprimidos.
Prefiero la huida. Juega conmigo hasta que tenga que huir.
30 oct 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 comentarios:
¿ juegas ? que dolor....
¿ juegas ? que dolor....
Publicar un comentario