Aquí en el trópico se volvió loco. Anoche azotaba con violencia las casas, derribaba los árboles, rompía cristales.
Salí al balcón, como siempre lo hago a fumar un cigarrillo, pero el viento se lo acabó sin preguntar siquiera; lo consumió con rapidez. Casi me hace volar a mi. Los árboles se afferaban a la tierra con fuerza, evitando ser derribados; unos cayeron vencidos. El aire frío entonces bajó cerca del suelo; se enfriaron todos los rincones de la casa y de mi alma.
En el sur también hacía frio, anoche recordé ese frio tenaz de allá abajo en el otro hemisferio. Mas el de anoche no tenía olor a algas y sal. Extraño el viento del sur, extraño al hombre del sur, extraño tantas cosas que ya no están.
El viento no me dejaba soñar. Recordaba a oscuras un papalote que volaba en otros cielos. Quise volver a la isla que no era isla, quise regresar a mejores momentos. El frío viento de anoche, me caló los huesos. Quería viento con olor a eucalipto, quería viento con olor a mar. El de ayer (y el de hoy) es un viento gris y sucio; viento infeliz que vienes a mancillar mi tropico maldito.
Quería volar un papalote y ser feliz.
Pero estoy aquí, sin nada más que decir...

1 comentario:
ponle sensualidad atu tristeza, y veras como el rumbo de tus pensamientos se perdera, y despertara en ti una nueva energía que no conoces.... un beso
Las puertas siempre estarán abiertas para ti en el departamento de Gustab.
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