Al final los sueños no sirven tanto y las fantasías son siempre castillos de humo que se lleva el viento en su fugaz paso. Al final soy solo una chica, pidiendo amor, llorando amor, sufriendo amor. Al final de nada sirven tantas palabras vacías, tanto silencio, tantas mentiras.
Mi alma siente lo que mi mente reprime; le temo al dolor a pesar de todo. No al físico, sino al dolor del vacío, al dolor de la decepción, le temo al rechazo.
Me escudo tras una fachada fría y hostil mas en mi interior se pudre la ternura y la pasión. Me pienso mujer actual y le huyo a la felicidad, como un germen que hay que eliminar; me hundo en la miseria de mis soledades fabricadas para escapar de un mundo humano que me agota y me mata poco a poco.
Quiero poder gritar tantas cosas, sacar esto de mi interior, pero la cobardía me gobierna y me quedo sola, sola con el viento y las estrellas llamándolo con gritos silenciosos, de almohadas sobre el rostro, llorando esta pena amarga y desgraciada.
Se va y no viene, nunca sé que hay más allá de su mirada fría y un par de frases sueltas en momentos de locura, pero nunca sé nada más. Y me duele, me duele aquí por dentro, en este lugar etéreo del cuerpo, me corre por la sangre, me anestesia los sentidos y me humedece los ojos y las manos. Lo siento en todo lado, en la punta de mis pies, en mi cabello suelto, en mis manos torpes, lo siento y me duele; dolor inlocalizable, incalculable, inquerible, inacabable.
Y me quedo aqui sentada, en esta noche fria, añorando pasados sin sentido, dolorosos, recordándome porque he elegido el silencio, sin nada más que las ganas de eso que no puedo tener y que no me atrevo a pedir.
Quiero que esta noche se acabe y que el dolor no vuelva, quiero que todo se acabe.
16 abr 2008
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