El frío me acerca a la muerte.
El agua golpea mi cuerpo, agua glaciar, milenaria.
Poco a poco el frío se me mete por dentro de los pliegues de la ropa, me llega al pecho, me cala los huesos, estos huesos de mujer joven y cansada, de alma exhausta por siglos de caminar errante por mundos de soledad eterna.
Me increpo a mí misma. No puede ser que esté destinada a morir sola. No puede ser. Sería tan triste... Yo que siempre he anhelado el amor, el abrazo y el beso, el calor humano.
He de vivir siempre de esta manera? Desahogando en un papel mis penas, llorando soledades amargamente por mil siglos por venir? Sin encontrar alguien que me vea, que me lea, que me mire a los ojos y descifre mi alma, que tome mi mano y camine conmigo por este amargo mundo de maravillosos paisajes inhóspitos e increíbles?
Cuántas más imágenes, cuántos más lugares he de recorrer y me han de conmover hasta el llanto y el alma, sin que haya alguien con quien compartirlos?
Lo siento, lo siento por mi (y no es autocompasión, es verdadero sentimiento).
Pero es que me pesa tanto esta soledad inmensa.
Solo quiero dormir.
Dormir.
Para siempre, bajo esta fría laguna.
Bajo este amargo invierno.
Hasta la próxima.
23 sept 2008
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