16 jun 2008

Dolor Toma II


Mi piel da muestras del dolor sufrido.

Mis manos se tornan violáceas, mis rodillas se hunden en el suelo disparejo, siento desfallecer.
La sangre se acumula en las áreas presionadas, siento un hormigueo, el esfuerzo físico me agobia, trato de respirar profundo pero la posición me lo impide.
Mi rostro casi toca el suelo, siento un dolor punzante en la punta de los dedos, en las puntas de mi vida, cierro los ojos con fuerza y trato de no pensar más.

Me entrego a ese sentir. Escucho un golpe sordo. La sensación llega milésimas de segundos después.

Escucho una voz, pero no puedo contestarle. Me increpa, me reclama algún sonido.
No puedo hablar. En el momento en que abro la boca el sueño se borra, la fantasía desaparece y solo queda una ridícula palabra flotando en mis labios y en el aire. Prefiero el silencio.
El silencio le da mas realismo a la imagen. Puedo cerrar los ojos e imaginarme en otro lugar.
En algún oscuro pasillo, en un castillo gótico, en la edad media...
No hables, grito en mi interior. No hables, no destruyas la fantasía!!! No digas más. No me hagas hablar. No me hagas gritarte a la cara que...

Siento otro golpe, este no lo escuché, no tenía sonido, no tenía nada... 1, 2, 3, 4, 5...

0,1 aguacero de posibilidades... lejos, lejos ando.

Me entrego, cierro los ojos y me voy desnuda a mundos de princesas y diosas sacrificadas. Me elevo hasta lo más bajo, me siento una con ella, la desertora, la demónica imagen de mujer liberada.

Paradoja interna.
La liberación por medio del dolor.
La liberación por medio de las ataduras, de las cadenas y las cuerdas.

El dolor físico me impide seguir pensando claramente. A su lado viene el placer.

Placer pasajero, placer efímero, placer austero.

No hables, por favor. No me hagas hablar.

Déjame volar hacia adentro. Déjame perderme desde afuera.
Te encontaré luego, cuando todo se acabe y no quede más que vacío.
Cuando el dolor y el placer se hayan ido y quede sola, más sola.
Siento los brazos dormidos, siento mis labios sangrantes.
Las lágrimas brotan tímidas, tengo la boca seca, por lo que trato de sorber ese líquido amargo y dulce que brota de dentro de mi.

Tengo sed.
Estoy cansada.
Pido por favor que se acabe el castigo. El castigo se acaba.
No entiendes el juego. El castigo no debe acabar.
Está bien... Otro día lo entenderás.
Por favor no hables.
No hables más, no digas nada.
Desata mis manos y vete a dormir.

Vete, vete ya.

Se te hace tarde.

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