Ya no siento las manos, ya no siento las piernas, la respiración se me dificulta, inhalo el aire con fuerza, pero el esfuerzo resulta doloroso. Es incómoda esta posición.
No puedo evitar el dolor, como agujas clavándose en la piel, como fuego quemando por dentro.
Las lágrimas me ciegan, no veo claramente; todo es borroso; como cada situación de mi vida, como este dolor que siento, como las personas que vienen y no se quedan.
No quiero más estar así.
Abro la boca y trato de pronunciar la palabra mágica que acaba con todo, que se lleva el suplicio lejos, pero me arrepiento y me quedo en silencio, llorando y sufriendo.
Esto es lo que merezco:
El dolor, el tormento, la oscuridad.
Nada más.
0,1 aguacero de posiblidades
27 jun 2008
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