El maloliente humo ingresó dolorosamente por su nariz.
diez voces distintas hablando de derechos y recomendaciones,
motores de autobuses, bocinas de automóviles impacientes
intentant inútilmente de avanzar, frenos, gases, toces y gemidos,
instrumentos electrónicos que producen ritmos que la gente llama música
y se introducen en su cabeza y le impiden sus silenciosos pensamientos escuchar.
Y dejó de pensar y se puso a soñar
bajo el sueño letárgico de los inanimados habitacntes de la ciudad.
Soñando que era un ave batiendo sus alas hasta elevarse al infinito
para no volver nunca más.

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