22 jul 2007

Encierro

Dentro de láminas de hierro, subjetivas materiales, su alma está encerrada. Mira el cielo tras la cortina de sueños inalcanzables que controlan su alma, respira el olor de la noche, la luz de la calle penetra su encierro, pero la oscuridad la inunda.
Barrotes que limitan su pensar. Encerrada entre cuatro paredes, es una animal en cautiverio. Su libertad ha sido cortada. Un silencio denso y doloroso invade su espíritu, el viento penetra en su estancia y ella, con sus ojos tristes y su mirada perdida en universos lejanos sueña. Sueña que vuela tan alto tan alto que nunca habrá caída. Y sueña que corre y que escapa, pero un destello de luz la despierta y ella no tiene salida, es un animal acorralado en una esquina, no tiene paz.
Solamente tiene el poder de escribir y de gritar para adentro de sí misma que quiere saltar a un abismo de descanso, que quiere correr por verdes campos de libertad y que quiere morir en silencio. Quiere escapar de su cárcel. Cárcel de recuerdos, de tragos amargos, de miradas perdidas.
Y siente dentro de su alma el gran peso de la soledad que no la deja despegar, que hace a sus manos detenerse y a sus ojos, agua meláncolica derramar. Y su espacio empieza a encogerse y piensa dolorosamente en su realidad inminente.
Identifica un pasado de pesadilla, una vida de culpa, maldita culpa que la carcome, que la encierra y la hace sufrir y la hace sentirse una piedra, un ser inanimado carente de espíritu. Y se cansa de llorar y de sentir dolor y de sentirse vacío dentro del vacío absoluto.
Se cansa de vivir en el campo de batalla, conociendo ambos lados y no entendiendo ninguno, para terminar su historia acribillada por dos partes que sentían temor de conocer y amar a su enemigo. Y ella se duerme lamentándose de no haber conocido nunca las palabras para cambiarlo todo.

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