28 nov 2007

Desesperación

Dónde me meto estas ganas de tomarte de la mano y besarte y abrazarte? Dónde guardo todo esto? Maldita sea! No quería, nunca he querido enamorarme, para evitar el sufrimiento...
Y luego llegas a mi vida y tu aroma me persigue y lo inunda todo.
Te pienso, constantemente, siempre en mi cabeza rondando como un intruso.
Y te veo y me digo que no, que puedo manejarlo, que podemos ser amigos, amigos que se benefician el uno del otro, que a veces se enredan y se confunden el uno con la otra.
Claro que puedo, es fácil ser fácil. Es sencillo decirme a mi misma que puedo hacerlo.

Hasta que llega un día gris y la soledad arremete con todo su arsenal y no puedo hacer más que mirarte desde lejos, deseándote, llamándote por dentro para que me abraces, rogándole al cielo y mis diosas para que me quieras.
Y llego a mi casa con el deseo en carne viva, con la soledad abrazada alrededor de mi cuerpo y la desesperación y no sé que hacer...
Camino de un lado a otro, encerrada en estas cuatro paredes, fumo un cigarrillo, trato de no pensar, intento leer, pero no logro comprender las palabras frente a mis ojos y vienen las de siempre; el llanto eterno que brota de mi alma, de mi abismo y empiezo a llorar, entrecortadamente, intensamente y se me dificulta la respiración, araño mi piel, me doy golpes en un intento desesperado y triste por sacar este veneno que me mata por dentro.
No sé que hacer conmigo, no sé donde meterme, dónde meter esto que siento, estas ganas de quererte y que me quieras.
Y me escondo bajo las cobijas, bajo la almohada, bajo mi vida, abrazada a mis piernas en el negro abismo de mi soledad.
Sola, más sola que nunca, tan sola como siempre jamás.

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